AUDICIÓN BIAURAL

Podemos oír por dos canales independientes como son nuestros dos oídos. Nos permiten localizar los sonidos, su procedencia y distancia con respecto a nosotros. Esto es posible gracias a que están separados por la cabeza. Así, un sonido procedente de más a la derecha será escuchado primero por el oído de ese lado y posteriormente por el de la izquierda (diferencia de fase). De esa forma, el cerebro determinará que la procedencia será del lado del que lo oye primero. Cuando tenemos ciertas dudas de desde dónde proviene un sonido, es cuando la información sonora nos llega por igual a una y otra oreja, ya sea desde el frente o de la parte trasera de nuestra cabeza.

Diferencia de Fase

DIFERENCIA DE FASE

La reproducción estereofónica del sonido, la que mantiene diferencias entre el lado derecho (R right) y el izquierdo (L left), aprovecha esta característica de nuestro sistema auditivo. A la vez, cuando por los dos lados del sistema estéreo oigamos el mismo sonido con la misma intensidad, estaremos ante la representación sonora en mono, como si se tratara de un único canal. El sistema estereofónico trata, por tanto, sonidos tridimensionales, utilizando dos altavoces frontales y ninguno para el sonido envolvente (2.0). El mejor sistema de sonido estéreo será aquel capaz de reproducir cualquier sonido de manera fiel y, lo que es más importante, conservando todas las referencias espaciales del sonido original.

Aún así, no debemos olvidar que en nuestra forma natural de oír, recibimos los estímulos de las fuentes sonoras desde cualquier punto alrededor de nuestra cabeza, no como las procedentes de un sistema estéreo que nos llegan desde sólo dos altavoces. De esta forma distinguiremos el carácter puramente teórico del comercial o práctico de este sistema de reproducción sonora, que pretende crear ilusiones aparentemente verdaderas. En la grabación estéreo se recrea la sensación de estar sonando la fuente en un espacio concreto, con tamaño y profundidad. Ya que se dan pocas oportunidades de que el oyente se encuentre a la misma distancia de los dos altavoces de su equipo reproductor, puede parecer que la forma más aconsejable debería ser la escucha a través de auriculares. Como hemos apuntado más arriba, nuestro oído percibe estos estímulos tridimensionales sonoros mediante las distinciones temporales entre un oído y otro. Con el oído derecho, por ejemplo, sólo escucharemos lo que provenga del auricular derecho, en ningún caso del izquierdo, distorsionándose por tanto la verdadera imagen estéreo creada durante la grabación del soporte sonoro. Contrariamente, la reproducción más fiel sería la ofrecida por un gran número de altavoces a nuestro alrededor, prácticamente difícil de llevar a cabo por un sistema doméstico y solamente recreable con carácter experimental.

Posicion ideal Estéreo

POSICIÓN IDEAL DE ESCUCHA ESTÉREO

Remitidos a la reproducción estereofónica doméstica como la única razonablemente barata, debemos aconsejar la localización de nuestra posición de escucha en uno de los vértices del triángulo equilátero formado frente a los altavoces L y R. En otras palabras, debe haber la misma distancia entre los altavoces, que de un altavoz a nuestra posición. Así obtenemos la sensación de un tercer canal, el canal central o fantasma, que ofrece la imagen sonora de lo que procede del centro y no de ninguno de los dos altavoces en concreto, si no de los dos a la vez con la misma intensidad.

Advierto que esta forma de escucha es ideal. Que puede ofrecernos sensaciones y matices musicales nuevos de nuestras obras favoritas, aun de las ya oídas hasta la saciedad. Y que deberemos hacer un gran esfuerzo por abandonar esta nueva posición de escucha, porque nunca más la querremos perder.

César Algueró

César Algueró con residencia en España, es una de las personas más experimentadas en audio y tratamiento del sonido con varios años y trabajos de experiencia que lo respaldan. Aqui nos va mostrando los caminos de esta disciplina que combina arte e ingeniería, caminos que muchos nos atrevemos a recorrer pero muchas veces sin un buen guía.

Comentarios a: cesaral@wanadoo.es

EL RUIDO

Es posible que en ocasiones algún miembro de nuestra familia haya calificado a la música que escuchamos en cierto momento como “ruido”. Expresión que no entendemos por ser acérrimos seguidores del grupo musical en cuestión. Entonces, ¿cómo podemos diferenciar a los sonidos de los ruidos? Entendemos que esto se debe hacer dependiendo de la respuesta subjetiva a los diferentes estímulos auditivos.

Como hemos comentado otras veces, nuestro sistema fisiológico está especialmente entrenado para percibir la voz humana. Por lo que consideraremos a ésta como sonido, a no ser que el nivel de presión sonora con la que la escuchamos sea excesivo, por lo que pasaría a denominarse ruido. Nuestra música favorita sería un sonido a no ser, que como en el caso anterior, se convirtiera en un ruido por exceso de nivel.

ruido

El ruido en una gran ciudad en pleno día por ejemplo, proviene de diferentes fuentes sonoras a distinta distancia, como tráfico, maquinaria, etc. Y reflejadas además éstas por las superficies como son las fachadas de los edificios, el suelo, etc. Es a lo que llamaremos ruido ambiental. Puede provocar trastornos circulatorios, pérdida del oído, fatiga y perturbaciones emocionales.

Por supuesto, los sonidos que escuchamos afectan al sueño, por lo que sonidos regulares nos pueden beneficiar y otros cambiantes y con más presión sonora serían perjudiciales. Los obreros urbanos, a pesar de acostarse rendidos, se despiertan y perturban debido a ruidos estrepitosos y molestos. Se levantan por la mañana débiles, aturdidos y sin haber recobrado las fuerzas después de su “descanso nocturno”. Para poder determinar el grado de molestia causado en diferentes personas, tenemos que analizar diferentes condiciones dadas.

La legislación laboral protege al trabajador que está expuesto a los ruidos en su lugar de trabajo cuando son superiores a 90 dB de pico. Se fomenta así la toma de medidas técnicas acústicamente correctoras, ya sean por el propio trabajador con tapones y cascos protectores, o bien de las instalaciones con pantallas y tabiques aislantes por ejemplo.

Además del daño que causan en el oído, los sonidos fuertes tienen otros efectos físicos. Los trabajadores con aviones cercanos soportan a veces los de 140 dB, produciendo sensaciones desagradables como el sentir que la cabeza vibra en su interior, dolor intenso en el oído, perdida del equilibrio y náuseas.

El ruido menos intenso de un petardo produce una reacción de alarma, es decir, la respuesta de nuestro organismo ante un peligro. Salta entonces la presión sanguínea y el número de pulsaciones, los músculos se contraen, la sudoración aumenta, la secreción de la saliva y del jugo gástrico se reducen drásticamente y se detiene la digestión. Ante la repetición continuada del desagradable sonido estas reacciones tienden a disminuir. Si un ruido se repite con regularidad, para una persona tranquila será considerado apenas importante, mientras que otra persona nerviosa no podrá soportarlo.

tabla valores

Un foco doméstico de ruidos es actualmente la cocina de nuestros hogares. Los electrodomésticos modernos que han sustituido a las artesanales tareas del hogar, son foco de molestias para nosotros y nuestros vecinos.

Los equipos hi-fi se suelen escuchar a veces en nuestras viviendas a potencias elevadas. Lo mismo que los equipos portátiles con auriculares que tan de moda están entre los jóvenes y los no tan jóvenes. Para ellos, es importante recordarles constantemente que una exposición continua a nuestros sonidos musicales favoritos a buen nivel sonoro, también puede suponer daños irreparables en su sistema auditivo a medio plazo.

Resumiendo, prevención, protección y moderación deberán acompañarnos en esta tarea de librarnos de los ruidos y poder disfrutar así de este maravilloso mundo repleto de agradables sonidos.

Glosario

Hi-fi: del inglés high fidelity (alta fidelidad). Es una norma de calidad que significa que la reproducción del sonido o imágenes es muy fiel al original.

César Algueró con residencia en España, es una de las personas más experimentadas en audio y tratamiento del sonido con varios años y trabajos de experiencia que lo respaldan. Aqui nos va mostrando los caminos de esta disciplina que combina arte e ingeniería, caminos que muchos nos atrevemos a recorrer pero muchas veces sin un buen guía.

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MAGNITUDES SONORAS

Como vimos el pasado mes, la representación gráfica de los sonidos la hicimos a través de su forma de onda, cuyo espacio comprendido entre el punto más bajo de la gráfica y el más alto, es decir, su amplitud, nos delimitará la intensidad sonora. Cuanto más fuerte es un sonido, mayor amplitud tiene. Un sonido excesivamente débil no se percibe de la misma manera que otro extremadamente fuerte ya que este último nos produce una sensación molesta o incluso dolor. La magnitud de lo que oímos será pues, de suma importancia para la interpretación por nuestro cerebro, por ejemplo, de la posición de la fuente sonora.

La frecuencia es otro parámetro importante, que vendrá determinada por el número de oscilaciones de la onda en cada segundo. El oído de un humano joven y sano puede escuchar sonidos de frecuencias comprendidas entre los 20 Hz (veinte oscilaciones por segundo), que llamaremos límite grave y los 20.000 Hz (veinte mil oscilaciones por segundo), límite agudo. Si disponemos de un generador de frecuencia por software en nuestro ordenador, por ejemplo, podemos apreciar cuáles serán nuestros límites, generando progresivamente las frecuencias comprendidas entre los valores señalados.

Experimentando con estos ejercicios y el generador de frecuencia, nos podremos dar cuenta de que no percibimos con igual intensidad todas las frecuencias. Así que con un volumen mínimo escuchando los 1kHz (1.000 Hz) y seguidamente escuchando los 100 Hz sin haber variado el volumen del equipo, vamos a percibir esta última frecuencia con una menor intensidad. Algo parecido sucederá al comparar 1kHz con los 10kHz (10.000 Hz), en este caso la diferencia de intensidad será algo menor que en el caso anterior pero también apreciable. Cuando practiquemos este ejercicio, debemos tener en cuenta las limitaciones de técnicas. Es decir, que si no escuchamos ciertas frecuencias, sobre todo, cercanas a los límites dados, es posible que sea debido al diseño de nuestro equipo o a la acústica de nuestra habitación.

Curvas de Fletcher-Munson

Adelantábamos también la existencia de un experimento estadístico de población, que nos demostraba lo anterior.

Son las curvas de dos señores, Fletcher y Munson (en la gráfica de más arriba), que representaron la sensibilidad del oído a diferentes frecuencias. Pidieron a un gran número de personas que igualaran los niveles de diferentes señales de prueba con la intensidad de un tono de 1kHz. A partir de estos resultados confeccionaron la gráfica de curvas isofónicas (cuyos valores en una misma línea tienen la misma sonoridad), que indican para cada frecuencia el nivel de presión sonora (Sound Pressure Level, SPL) necesario para que un sonido se perciba con un nivel sonoro determinado expresado en “phons”. Para un sonido apenas imperceptible diremos que tiene un nivel de 0 phons, mientras que si está en el umbral que nos produce dolor, tendrá un nivel sonoro de 140 phons.

Podemos apreciar entonces en la gráfica que, a medida que aumentamos la presión, la curva que se dibuja desde la zona grave hasta la aguda, se va haciendo más plana y menos pronunciada en sus extremos. Significa esto que la diferencia de niveles se hace menor a medida que aumenta la presión sonora. Algunos amplificadores van equipados con una tecla “loudness” que compensa esta carencia del oído humano. Tecla que deberemos desconectar cuando escuchemos a mucha potencia, si no los graves tendrán un efecto desmedido, al igual que los agudos más extremos, aunque en menor medida. Si no disponemos de esta función en nuestro equipo y tenemos en cambio un ecualizador gráfico, podemos potenciar el nivel de las frecuencias de los extremos dibujando con sus controles algo parecido a una sonrisa, como podemos apreciar en la imagen.

Glosario

Presión sonora: efecto de la propagación del sonido que oscila rápidamente entre valores menores y mayores que la presión atmosférica, responsable pues de la amplitud; la unidad es el newton por metro cuadrado.

Potencia acústica: cantidad de energía radiada por una fuente sonora por igual en todas direcciones; está determinada por la amplitud y su unidad es el W. No confundir con potencia de salida de un amplificador.

Ecualizador gráfico: corrector de tono con control de ganancia en diversas frecuencias, que se caracteriza por mostrar visualmente los niveles de éstas a modo de gráfica.

César Algueró con residencia en España, es una de las personas más experimentadas en audio y tratamiento del sonido con varios años y trabajos de experiencia que lo respaldan. Aqui nos va mostrando los caminos de esta disciplina que combina arte e ingeniería, caminos que muchos nos atrevemos a recorrer pero muchas veces sin un buen guía.

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De Audio y esas cosas

SONIDOS Y SENSACIÓN

Las moléculas del aire enrarecido por unas compresiones y depresiones en forma de ondas, son las que permiten llegar hasta nosotros la mayor parte de los sonidos. Ese medio por donde se transmite, hace viajera a la maravillosa información que percibimos e interpretamos con nuestro cerebro. Es necesaria entonces la ayuda de un fluido o un sólido para propagarse, cuya estructura molecular definirá la velocidad a la que se desplaza a través de él. Esas ondas, similares a las que se forman al arrojar una piedra en un estanque, se van desvaneciendo perdiendo intensidad, por motivos físicos y a medida que viajan a lo largo del trayecto en el que las oiremos. De forma que con la distancia, los sonidos ya no llegarán hasta nosotros. A veces, cuando se produce un evento que provoca un sonido en la lejanía, podemos apreciar un retardo entre el estímulo visual y el auditivo. Significa esto que la velocidad de propagación a través del aire, es relativamente lenta. Muy lenta, si la comparamos con la rapidez en que hoy en día podemos transmitir esa información sonora a través de los equipos electrónicos, que tan inseparables se nos han hecho. A través del teléfono, por ejemplo, nuestras palabras llegan a puntos distantes con asombrosa rapidez.

El reino animal, al igual que nosotros, recibe los estímulos auditivos mayormente por el aire. En cambio, a diferencia de la mayoría de los animales, podemos crear con nuestras gargantas, innumerables fonemas para poder comunicarnos con los demás. Desde que nuestros antepasados articularon los primeros sonidos, mediante la evolución natural hasta el momento presente, la palabra ha sido el objeto principal de escucha de nuestros oídos. No es de extrañar entonces, que nuestro oído esté aún en este momento “diseñado” para la comprensión de la voz humana. Posteriormente, un arte como la música, se ha abierto paso importante entre la numerosa información que percibimos. Las técnicas musicales de interpretación, las de grabación y las de reproducción, han tenido en cuenta ese especial diseño de nuestro sistema psicoacústico, haciéndonos agradable la escucha de la música en cualquier formato posible. Entre otras cosas, era necesario conocer cómo oímos una muestra amplia de la población (curvas isofónicas de Fletcher-Munson de 1930, recalculadas por Robinson-Dadson en 1956), para saber qué correcciones deberíamos hacer para disfrutar del arte musical en toda su gama sonora.

Esa obra maestra de ingeniería que es el oído, únicamente se hace visible y a veces se representa por el oído externo, el pabellón auditivo. Sí, nuestra oreja. La que recibe a modo de pantalla las ondas sonoras transmitidas por el aire y se convierten en una vibración, al trasladarse por el oído interno para ser procesada posteriormente por nuestro cerebro. Es éste último, el culpable de poder reconocer la emoción que el músico nos transmite con su obra, y que la mayor parte de las veces, cuando nuestro nivel de atención es suficiente, nos hace erizar el vello, nos crea un escalofrío que nos recorre la nuca e incluso nos humedece los ojos al escucharlo.

 

En el siglo XVIII los pensadores se debatían en definir el sonido. Se preguntaban, “si cae un árbol en un bosque y no hay nadie que lo oiga, ¿habrá sonido?” Los físicos por aquel entonces, en su afán de análisis y medición respondían “por supuesto”. Mientras que los filósofos replicaban “claro que no”, basando su respuesta en que el sonido es una sensación de la mente que lo escucha. Entonces, podemos decir que el sonido sucede de la vibración física de un cuerpo material, a la vez que su efecto, en forma de sensación fisiológica, llega a nuestro cerebro, y no lo olvidemos, por extensión a todo nuestro cuerpo.

Glosario: 

Sonido: sensación producida en el órgano del oído por el movimiento vibratorio de los cuerpos, transmitido por un medio elástico, como el aire.

Psicoacústica: apartado de la acústica que estudia la percepción subjetiva de las características del sonido.

Isofónico: dos o más sonidos que tienen la misma sonoridad.

Sonoridad: cualidad de la sensación auditiva que permite apreciar la mayor o menor intensidad de los sonidos.

 

César Algueró con residencia en España, es una de las personas más experimentadas en audio y tratamiento del sonido con varios años y trabajos de experiencia que lo respaldan. Aqui nos va mostrando los caminos de esta disciplina que combina arte e ingeniería, caminos que muchos nos atrevemos a recorrer pero muchas veces sin un buen guía.

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