MI PERSONAJE INOLVIDABLE

por Hugo Dordelly

En la semblanza que me hizo el Periodista Eduardo Sosa Olvera, se señaló mi extrema timidez.

Cuando me hicieron el examen de admisión para el Instituto Cinematográfico de México (Escuela de Arte Dramático), me reprobaron.

Yo alegué que los nervios me atacaron y pedí una segunda oportunidad. Me la dieron y volví a fallar. Pero ya para entonces, yo me había dado cuenta de que eso era lo mío, pues cuando me estaba haciendo la prueba la adrenalina me hizo vibrar hasta la más pequeña fibra de mi ser.

Entonces pedí que se me dejara un mes a prueba. Lo hice con tal entusiasmo que Don Celestino Gorostiza, que era el Director, me dijo: “Me lo pides con tal vehemencia, que te lo voy a dar, pero si al mes no mejoras, yo personalmente te digo ADIOS”. Como ya no sentía la amenaza de un examen, me sentí libre y solo me empeñé en superarme. Antes de que se cumpliera el mes, el maestro Arrigo Cohen nos hizo grabar una pequeña poesía para que nosotros mismos nos escucháramos y notáramos nuestros defectos (entonces yo tenía 15 años y meses) y al escuchar mi grabación, todos se rieron. El maestro Arrigo los cayó y les dijo: “De acuerdo; la voz es mala, pero la interpretación es una de las mejores”. Su comentario en lugar de envanecerme, me hizo sentir que si sirvo para esto.

La voz nunca se me compuso y años después una maestra de Foniatría me dijo textualmente: “¿Qué te estás haciendo pendejo aquí en la escuela (INBA)?, tu ya estás listo para los escenarios”. Desafortunadamente esa maestra era chilena y tuvo que regresar a su país pues su mamá se enfermó de cuidado. Esta maestra se había hecho la promesa de componerme la voz y como despedida me dijo: “Olvídate de tu voz, pero tienes que volverte tan buen actor que a nadie le importe tu voz”.

Pero volvamos con el maestro Arrigo Cohen. En esa época mi papá llevaba 10 años fuera de México y por lo mismo yo carecía de figura paterna. El maestro Arrigo Cohen era maestro de Cultura General, con su trato, detalles, enseñanzas y consejos hicieron que lo sintiera como la imagen paterna que tanto necesitaba.

En una ocasión a un grupo de 5 alumnos, que según él éramos sus consentidos, nos invitó a una taberna alemana a comer salchichas con puré y un tarro de cerveza alemana… en otra ocasión nos invitó a su casa y guisó para nosotros “Tallarines a la presto” con una copa de vino tinto.

Como todo hijo que quiere ser como su papá, yo trataba de ser como mi maestro Arrigo; gracias a eso me empeñé por adquirir cultura, buenas maneras, etc.

Muchos años después cuando lo escuchaba en el radio sentía la inquietud de verlo y agradecerle en persona por todo aquello que me enseñó; pero por apatía siempre lo dejaba para luego. Hasta que un día, mi mejor amiga, mi esposa, me dijo: “Si realmente quieres ver a tu maestro Arrigo y decirle lo que tanto le debes apúrate pues acaba de cumplir 90 años y no va a ser eterno hasta que te decidas”.

Me lo propuse y al fin lo contacté y le hablé de mi deseo de verlo para platicar con él. Quedamos de vernos en el Sanborns de los Azulejos a las 8 de la mañana para desayunar. En la primera cita le hablé de quién era yo, como lo conocí y todo lo que había llegado a ser para mí, como lo de la imagen paterna y que gracias a él había logrado una gran superación personal.

Le conmovió todo lo que le dije y le recordé lo de aquella grabación de una poesía y cómo me había servido de estímulo su comentario. Me preguntó si recordaba que poesía había sido y le dije que nunca la olvidé, me pidió que le dijera algo. La empecé y como a la mitad se me unió y la acabamos los dos llorando.

Como dato curioso, me dijo una persona que le había manifestado su intención de escribir su biografía y que le iba a pedir que se comunicara conmigo para que yo le hablara de esa época pues le agradaría que quedara plasmado en su biografía.

Ya para despedirme le pedí otra oportunidad para presentarle a mi esposa, pues era una gran admiradora suya, de toda la vida. Nos reunimos para otro desayuno y le contó a mi esposa conmovido todo lo que para él había representado nuestro encuentro.

Por todo esto lo recordaré siempre como MI PERSONAJE INOLVIDABLE.

Hugo Dordelly o “el maestro” ha dedicado toda su vida al teatro, oriundo de Oaxaca y mexicano hasta la médula cuenta con una larga trayectoria en el teatro en México, ya en la década de los 70′s era conociodo a nivel nacional y había incursionado también en la radio y televisión. Con conocimiento vasto en el tema y dando clases todos los fines de semana a su grupo teatral Callin Casiani en la Casa de Cultura Rosario Castellanos, nos invita a incursionar en el maravilloso mundo del teatro.

Comentarios a: blogzine@leepp.com.mx

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