¿Tele-Comunicación?

No sólo de risas y chismes vive el televidente.

 

El mundo de la televisión es paralelo al contexto de las sociedades en las que surge y se muestra. Como cualquier elemento vivo, se adapta y procura crecer, a veces en ambientes hostiles y en otras en condiciones bastante propicias. Ejemplo de ello, han sido los últimos meses desde la declaración de la llamada crisis o recesión que atraviesa el país más poderoso que ha tenido dominio cultural en los últimos años, Estados Unidos.

Los contenidos televisivos se adaptan a las condiciones, gustos y necesidades de la gente, en épocas de crisis se busca transmitir programas alegres, optimistas para paliar en algo el desánimo colectivo. La válvula de escape se abre al encender el televisor. El chiste, el pastelazo, la comedia de situación brotan por doquier en los canales de televisión abierta, los “raitings” de esos programas no mienten, la gente quiere escapar de los problemas cotidianos, desesperadamente abrimos puertas para entrar en algún agujero que nos saque de la falta de empleo, de la carestía económica, de la soledad o cualquier otro problema que se cargue sobre la conciencia.

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El caso particular de México se ha marcado por el duopolio televisivo, Televisa y TV Azteca. Sus programas de horario AAA, los emblemas de dichas televisoras son de temas laxos y enfocados totalmente al entretenimiento y no a la reflexión. Cada uno peleando son sus armas al más puro estilo de quién es más efectista. Televisa apostó por el aparente talento de su personal de comedia, combinando géneros con cápsulas fuera de lugar, con improvisación del mismo equipo de producción durante la transmisión en vivo, y desde luego, sin tocar temas políticos, religiosos; por su parte, los del Ajusco tiraron sus cartas con la fórmula más que repetida del canto, ante la falta de estrellas conocidas, apuestan por los dramas, pleitos y en ocasiones, por la voz de sus participantes, con horario variable los domingos, buscan el etéreo y dictatorial “raiting”, se acoplan al evento deportivo en turno, amplían el horario de acuerdo a los índices de audiencia, lo cual muestra una completa falta de respeto por su público y un bajo nivel creativo; sin embargo, la mañana del lunes siguiente al programa, recibe los primeros horarios laborales y escolares plagados de comentarios sobre Hazmerreír o El Gran desafío, mostrando que la audiencia se mueve conforme las televisoras lo mandan, cuando debería ser a la inversa.

Pero el escape de la bruma de problemas se extiende por un instante en la charla del café con los compañeros de trabajo, en la cafetería de las escuelas, en el transporte público e incluso en los foros de Internet.

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La función de entretener por parte de la televisión está por demás demostrada, pasa la prueba con bombo y platillo, sin embargo, en el compromiso social de reflexión e información muestra severas carencias. En México se ha apostado por el entretenimiento de contenidos nulos, los cotos de poder impiden el crecimiento de televisoras que navegan contra corriente, enfrentándose a trabas en difusión y recepción. El buscar otro tipo de televisión requiere de un gran esfuerzo por parte de los comunicadores pero también, las sociedades tienen un rol fundamental para hacer un esfuerzo por cambiar los gustos populares por ver otro tipo de programas sin necesidad de radicalizar la elección de contenidos.

El verdadero drama social se lleva de mejor forma gracias a la televisión, pero no por ello se debe dejar de lado la información y el análisis dentro de este medio, existe un tipo de audiencia que no se conforma con la carcajada y el conflicto emocional, requiere saber sobre los temas fundamentales de su entorno, busca herramientas para forjarse una opinión sólida y no teledirigida; es por ello que siguen apareciendo en pantalla programas con alto contenido.

No es novedad que Canal Once y Canal 22 sean quienes llevan la batuta en ese sentido, tomando el ejemplo de CNN o National Geographic, sus “ratings” por lo general, no son ni remotamente cercanos a los obtenidos por Televisa o TV Azteca, pero se mantienen como televisoras con crítica y compromiso social; si bien lo que mantiene a un programa es que sea visto o sea rentable también hay programas donde se observa la balanza equilibrada en ambos sentidos.

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Hoy en día la fusión de los medios es cada vez más simple, se transmiten programas de televisión por Internet, se pasan videos de Youtube u otras páginas en televisión, se habla de cine, se filman series de TV en formato y con gente formada dentro del ámbito cinematográfico, es decir, hay una brecha para comienza un giro a las enseñanzas de los considerados “grandes y exitosos productores” de televisión.

La televisión requiere crecer, no sólo en cantidad de programas y en variedad de temas, sino de verdad comenzar a tratar a la sociedad como personas adultas, dejar de faltarle al respeto, pero ello es un crecimiento de ambas partes, el medio de comunicación parece ser unidireccional pero se retroalimenta de la respuesta del público, y éste mientras más adulto y maduro se comporte obligará a cambiar las fórmulas para que se deje de ocultar lo malo, se deje de explotar el melodrama, el chime y el escándalo, que exista el análisis y dejemos atrás la parálisis en las manos para cambiar de programa si el contenido no es lo esperado.

Nirvanaya es un comunicador de profesión quien se encuentra continuamente descrifrando la quinta-escencia de los medios electrónicos de comunicación masiva, futbolista de medio tiempo y gran conversador de lo cotidiano.

Comentarios a: leep.p@hotmail.com

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